Hace dos días
una chica diecisiete años se lanzó al vacío desde uno de los elevados de la
Avenida 27 de Febrero en Santo Domingo. Estaba embarazada y pensaba que el
mundo se le caía encima. Sintiéndose
una basura y viendo que el mundo no la aplastaría, decidió caerle ella encima a su mundo, y
salió volando por los aires, decidida no solo a acabar con su vida sino con la
de ese bebé que llevaba dentro y que no se sentía preparada para conocer,
mantener y criar, algo muy pero muy válido. Afortunadamente
está viva, desafortunadamente no podrá tener hijos porque junto al bebé perdió
sus órganos reproductores.-
Hay cientos de
ideas que podrían cruzarnos por la cabeza cuando escuchamos este tipo de
noticias, todas y cada una de ellas escalofriantes en si mismas, lo sé porque
yo misma pasé por todas y cada una de las etapas de un embarazo no deseado a
destiempo: tenía 18 y recién entraba a la universidad, nunca había dormido ni
siquiera en la casa de una amiga, porque mis padres sencillamente no me lo
permitían. También pensé que el mundo se me venía encima y en más de una
ocasión quise desaparecer para siempre junto al bebé que estaba dentro mío, y
si no lo hice fue porque afortunadamente dentro de mi escuchaba una “vocecita”
que me decía: “esta es la primera prueba de tu vida, una de las más duras,
tienes que demostrar que eres capaz de superarla, como en los video juegos para
pasar a la siguiente vida, así te harás más fuerte”, esa voz no me dejaba ni
dormir, quizás ella fue la que impidió que me lanzara al vacío. Lamentablemente
no todas las mujeres escuchan sus voces internas. Y no escuchan las internas porque
las voces externas son un desastre: mi mamá me decía “puta”, mis amigas
trataban de darme ánimos pero por detrás comentaban “ya su vida no será igual, destruida”,
los amigos de mis padres me miraban con desaprobación, bajaban la mirada o
volteaban la cara. ¡Qué panorama! Hace 24 años salir embarazada a los 18 era
confesar a voz en cuello todo lo “fácil” que podía ser una mujer. Ningún hombre
te tomaría en cuenta y estabas destinada a saltar de uno a otro sin que alguno
de ellos te tomara en cuenta seriamente. Lo peor de todo es que una termina creyendo
toda esa basura. La voz que llevas en tu interior tiene que tener un micrófono
para que no termines perdiendo la cordura entre tanto desconcierto y es que no
parece tan grave, pero es cierto que la vida te cambia, que hay que madurar a
“las malas”, que hay que pensar como rayos vas a guiar a otro ser humano por la
vida cuando tú no has sabido escoger bien tus caminos. Afortunadamente una
termina escuchando a la “voz” por momentos, se aferra a los estudios como a las
drogas, empieza una a darse cuenta el verdadero significado de la palabra
TRABAJO, si efectivamente escuchas tu voz interna terminas literalmente poniéndote
unos guantes de boxeo y enfrentando esa vida que tanto miedo te da, es así que
después de 23 años, los meses de embarazo, un divorcio, 3 empleos, una
profesión, cientos de relaciones fallidas, otro bebé, una bancarrota y 40 años
en las costillas, un día de repente abres los ojos y empiezas a ver las cosas
de otro color, o mejor dicho del color que han sido siempre. Desde mi primer
embarazo (en disturbio y en desastre) hasta hoy he descubierto tantas cosas que
describirlas una a una ameritaría escribir un libro, pero en resumidas cuentas
puedo asegurar que he aprendido a AMARME A MI MISMA, como soy, con esa enorme
cantidad de imperfecciones que me acompañan, he aprendido que no debo tomarme
las relaciones fallidas como una situación personal (no, el problema no soy
yo): las relaciones fallan porque es ley de vida, porque son parte del
aprendizaje, del proceso interminable de amarse primero uno mismo y en ese
sentido ir descubriendo cuales cualidades son importantes para nosotras, cuales
defectos nos son tolerables (sí, defectos, son parte de la mochila de nuestras
personalidades y del compañero que al final nos acompañara en este trayecto).
Es difícil enseñarles
a nuestras hijas lo importante que es la autoestima y el amor propio en medio
de esta realidad llena de tecnología, de mentiras cibernéticas, de la lucha por
la sobrevivencia y muchas veces en medio de una realidad llena de maltrato y
discriminación, pero pienso que no debe ser imposible: tenemos que empezar por
nosotras mismas, por nosotras “mujeres”, por nosotras “madres”, por nosotras
“esposas, novias o amantes”, por nosotras “empleadas, profesionales, amas de
casa”, por nosotras “seres humanos llenos de luz y de magia”, capaces de
enfrentar un cataclismo con tal de conseguir nuestras metas. No debiera ser tan
difícil. Es cierto que esta media isla llena de machismo no ayuda pero no es
imposible, hay que seguir hacia adelante y ver el ejemplo de esta chica como un
aviso, como un “alto” en el camino: MUJER detente a mirarte primero a ti misma,
detente a mirar a tus hijos e hijas, busca en tu interior todo ese coraje que
te llevó hasta donde estás, busca en tu interior esa “voz” que te alentó a
salir hacia delante, conecta el micrófono y saca del fondo de tu corazón toda
esa sabiduría ancestral para transmitirla a las generaciones que te preceden,
no esperes un solo día más. Hazlo ahora.
Eugenia, cuantas verdades difíciles de describir....q reseñas con claridad y sencillez. Y cuanto coraje sacando de la mochila tus vivencias, para q sirva de ejemplo y lección a las mujeres q se sientan débiles e impotente por momentos. Me honra ser tu amigo...
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